Pez es pájaro
Y quería escribir "descenso"
(La belleza de esa mujer transforma los lugares a los que llega)
Deleuze
[Leo a Olga y lloro,lloro, lloro. No puedo hacerlo sin emocionarme. Su poesía es mucho más que muy hermosa. En cualquier momento va a venir el herrero y yo tengo los ojos hechos de caminos rojos. Tendré que decirle "Estoy leyendo a Olga" y que él se ocupe de comprender y de guardar silencio.]
Tú, la más imposible
A Yola
Como garra de puma es esta pena,
como sangre que cae a sobresaltos de un adiós a otro adiós,
como arena de vidrio entre los dientes.
Es la cuota definit§iva de la soledad, el saldo de la herencia.
Voy a mirar atrás la parte que me dejas.
Voy a partir en dos nuestras hogueras,
el palomar, los soles, las tormentas, las quintas y los médanos.
Quiero partir en dos lo indivisible.
Pero entonces se desmorona el mundo, se me desteje todo el universo.
Porque sólo eran míos y nada más que míos
los rincones del miedo y las lentas ortigas de la penitencia,
y apenas, ni siquiera.
Mío sólo es el luto.
Ahora soy yo sola para toda la pena.
Y la casa se va, la casa insomne
que se levanta y anda entre las ruinas se va yendo contigo.
El carruaje encantado, el carruaje de risas, el carruaje de fiesta,
se bambolea, oscila,
cruje bajo la luna con sus preciosos huesos:
se ha vestido esta vez de blanco carromato de la muerte.
Tú estás diciendo adiós desde lo alto;
saludas alejándote, como desde la pista de algún circo perverso.
Tu prueba fue rodar magistralmente por el tejado hasta la canal¨eta,
como en aquellas siestas, como en ésta.
¿Y si saltaras desde ayer hasta hoy,
si estuvieras cayendo todavía del árbol al estanque
y surgieras de pronto coronada de dueña del verdín para esta hora,
así como demora siglos en llegar la luz de las estrellas?
Vertiginoso y lento también fue tu esplendor
y así fue tu plumaje
-la tibia cabellera de la selva desplegada en la ola-.
Nadie tuvo en los ojos tanto fulgor de antorchas,
tantas chispas de luciérnagas ebrias en la noche cerrada,
ni en la boca una risa tan semejante a un vuelo en pleno mediodía.
Nadie tendrá después ese perfume de ámbar y canela,
ese vaho que asciende al levantar las piedras de nuestra propia tribu,
ese aliento de espuma que nos llega de remotísimas orillas.
Bajo las mismas alas
el viento susurró en nuestros oídos distintas melodías:
a ti te dictó el canto seductor de la dicha en un jardín cautivo
y bordaste tu casa para una larga fiesta, contra humaredas y> tormentas,
porque tuyo era el hilo y tuya era la trama del tapiz.
Tu ciencia fue trocar en prodigio cada error
y convertir las culpas y las furias en un grano de sal,
la inconstancia en un soplo y los remordimientos en escombros.
Pintaste de colores brillantes los fracasos
y pudiste cubrir tus retiradas con huesos para perros y jirones dorados.
¡Ah tu alquimia secreta para lograr el filtro del olvido!
Conseguiste borrar las capitales de la oscuridad, los ríos del abismo.
Apenas si retenías un puñado de perlas ganadas al destino.
Tu museo cabía en la memoria de un pájaro feliz.
No sé si recordabas el chirrido de la roldana del aljibe
cuando el balde subía cargado de regalos en las celebraciones infantiles.
A veces vuelvo a oír ese mismo sonido destemplado
cuando el insomnio arroja su cubo de agua amarga sobre mi rostroH frío.
Pienso si aún recordarás que fuimos ángeles, girasoles, Julietas y hechiceras.
Ahora ya eres reina. Tú llegaste primera,
y ahora soy apenas poco más que mendiga en el final de la carrera.
Tú ya lo sabes todo,
y hasta podrás mirar por dentro un hormiguero, así como querías,
y acaso sea el mundo,
el mismo mundo de las emboscadas donde algo jugó mal;
te atrapó a tientas alguna sombra informe, la sustancia innombrable,
y estampó a sangre y fuego en tu costado la mancha venenosa.
No pudiste cambiar el desenlace,
corregir el color de un cielo de amenazas,
volver atrás las últimas puntadas del prolijo tapiz.
Tú, la más imposible de los muertos.
Ahora vas en coche, vas en casa que rueda por el blanco arenal,
y ya no puedo hablarte a través del espejo, como siempre,
como cuando cambiábamos sonrisas y secretos sólo con las imágenes2 hermanas,
sólo con los reflejos.
Pero debo decirte que a tus plantas las abatió esa tarde una ráfaga helada
y tus pájaros sueltos aletean y chocan contra la oscuridad.
No, no estoy escondida en un armario
ni juego a que me parten de nuevo el corazón.
Estoy aquí para apagar las luces, para cerrar las puertas,
cuando vuelva por mí la casa en que te vas.
Olga Orozco
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Estar es suficiente.
Te amo
(sincronía pura)
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.
Luis García Montero
La espera de mí
Algo así:
Pura vida
La oscuridad es otro sol o la excavación

Ante las incógnitas provocadas por la intensidad del vivir, la niña que era y es Olga en su cielo aprende a preguntar, preguntar, preguntar. Sus interrogaciones lanzadas al aire, al pájaro, experiencia vital, se ahondan buscando el jardín, abordan al mundo entramándolo. No le satisface la clausura de las respuestas, o mejor dicho: entiende sólo de respuestas que son nuevas preguntas que tejen más allá. ¿Hasta dónde? Hasta el silencio, o lo inevitablemente vedado. Hasta lo que antecede al verbo primero, su antesala. Hasta que “lo imposible sea”. Aun del otro lado.
Cada historia personal transcurre entre dos gratuidades: el nacimiento y la muerte. De un punto al otro (o al mismo: la vuelta al origen) ocurre la trama donde nos jugamos la vida o la vida nos juega. En los relatos de infancia de La oscuridad es otro sol (1967) de Olga Orozco somos partícipes de las primeras veces de Lía “que vuelve desde el porvenir”, de las experiencias vitales que tiene jugándose: el amor, la muerte, el dolor, las traiciones, lo extraordinario… En la creación, esos acontecimientos esenciales no pertenecen de manera rigurosa, ni menos aun estanca, al “tiempo de la infancia”, sino que ruedan dentro de una memoria circular que los muestra en movimientos multidireccionales, bajo la luz de retornos y anticipaciones. “Acaba de suceder por primera vez. Acababa de marcar hacia delante a todas las mujeres que trasladarían sobre mi sus propias malicias, sus delirios y sus intenciones aviesas”. Hay alteraciones (algunas desmoronan la fatídica relación causa-efecto), simultaneidades, un “desorden” que enriquece la experiencia y sus sentidos. Que alivia cargas, también. En una conferencia dada en Córdoba la autora expresó su deseo de violentar así al tiempo, de transgredirlo para luchar por la vida. Este modo de percibir el tiempo/memoria, quizá, nos permita “trasladar” los símbolos que construyen el mito de la infancia a otros tiempos de nuestra vida. Para ingresar al juego en todo presente, para permanecer siempre en el aprendizaje del extrañamiento.
Olga empieza a escribir hablando, jugando con las palabras, tejiendo aquella interrogación que mencionaba al comienzo. El papel viene después. Como en un juego peligroso, en estos relatos que dibujan el origen de su escritura todo parece estar para abrir o ser abierto. Hay puertas –preguntas- que se multiplican incesantemente, también falsas puertas –preguntas-, laberintos y pasillos que no se sabe si dan a muro o al verde. ¿Acaso abrir no es también cerrar? ¿El pez pájaro? ¿El cielo, el suelo? Olga puede ver en sus relámpagos la unidad de todos, lo primero (otra vez el verbo). “La conjugación es una sola persona. Cada uno es lo otros, y mi nombre y el tuyo son solo una impostura”. Aun cuando “de este lado”, en la caída, se develan motivos incompletos/ sed/ desesperanza: lo separado, lo cerrado, descubre como contrapunto una continuidad que trasciende lo aparente y sus posibles. La pregunta excava, excava, y llega al fondo del cielo.
La profundidad milagrosa, la generosidad textual y vital de estos relatos, nos dan la posibilidad de realizar una lectura con los ojos cerrados, afín a un tacto. Hay relieves que parecen no terminar de explorarse nunca. Es asombrosa la densidad, los espacios que siguen abriéndose a pesar de las sucesivas leídas, como velas mágicas que vuelven a prenderse para que pidamos más deseos. Pedí lo imposible. Y que sea.
(Publicado en Bitácora de Vuelo y en El jardín posible)
Mi abuela Margarita en sus 80
En esporádicas reuniones
Salvando las distancias
Continuidad de los sueños reparadores
"Sos como un volcán a punto de estallar"
Tarde es temprano
"las hebras que segrega la sustancia de la poesía"
gorriones
poderes
amores perros
Esto no es una cita
Ay, María
La exploración
vos
El paciente repite en lugar de acordarse
El paciente repite en lugar de acordarse
El paciente repite en lugar de acordarse
La belleza otra vez
Me olvidé cómo se tira el I ching
"en una sensibilidad de menos de un metro cuadrado"
te mandé mail chino
Salvando las abisales diferencias:
Lo imposible es
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¡ A saltar los fuegos de San Juan !
Rom: Virginia Woolf : diario de una escritora (plural)
máiomai
peces/ lobos/ pájaros/ cabritos
Italo Calvino







