22 de mayo de 2007
9 de mayo de 2007
desprolijas, breves, sin estilización, así
amo ese olor a sol, el aire, como todo se mete dentro, ganar las plazas, esperar ahí, el sol, el sol, el sol, templado, caminar, hasta el ocre, mirá, dorados, liviano todavía
27 de febrero de 2007
18 de junio de 2006
Increíble ¿Cómo es posible haberla borrado de mi memoria?. Hasta parece una broma, mala, por cierto. Mi plegaria de olvido se depositó en el lugar equivocado. Lo mejor de todo es que ele tiene una memoria extraordinaria y esta noche le he pedido que me cuente mi propia historia. Por favor, con lujo de detalles. La he escuchado atentamente, mientras me hacía los gestos !Que fueron míos, nuestros!
17 de junio de 2006
14 de agosto de 2005
Me causan extrañeza en algunas fotos. A veces parecen garras, pero garras que podrían bailar o tocar sin ser sentidas. Nacen de las manos de mi padre y de la madre de mi padre. Bajan por esa línea y se repiten en mi hermana. Sé por ellos cómo serán mis manos a los 66, a los 93. Si es que el tiempo todavía es. Quizás hasta adopten ese gesto de reunir las migas en círculos, levantarlos y dejarlos caer. Coronitas de pan.
Sólo yo las uso para escribir así, aunque también haya heredado de ellos grandes silencios, temas inabordables, cierres al abrir.
Me maravilla de qué modo van mostrándome todo con tacto. Mis manos me permiten volver. Basta con que roce yema con yema, yema con labios, para sentir placer. “Lo más profundo es la piel”. Rozar los labios y no de la herida. Una estrategia para salir del pensamiento, para regresar aquí y ahora, donde quiera que esté. Me sorprende cómo se lastiman cuando no sé qué hacer conmigo, cuando estoy peleada a muerte con la palabra y ya sabemos quien pierde, quien gana, nadie gana.
Empiezo por ahí sin querer. Mis emisarias se lanzan, hacen que el otro se abra adelantándose al deseo. Cumpliéndonos. Una sola vez sostuvieron un pájaro debajo del agua y fue hermoso. Podría nadar toda la vida ese instante. Olvidar que en aquel café jugaron con el azúcar mientras nos disolvíamos en el miedo. Una noche.
La última vez, sintieron cuando las apretaste muy fuerte y dejaron todo mi cuerpo un minuto más clavado en pleno retiro. Así no hay retiro. El mundo en tu bolsillo y la helada que quema. "El invierno nos mantuvo cálidos". Una lengüetada submarina mientras los móviles entraban, salían...