29 de mayo de 2012

La oscuridad es otro sol o la excavación


“He contado muchas veces que empecé a escribir antes de saber escribir”¨

Olga Orozco

Ante las incógnitas provocadas por la intensidad del vivir, la niña que era y es Olga en su cielo aprende a preguntar, preguntar, preguntar. Sus interrogaciones lanzadas al aire, al pájaro, experiencia vital, se ahondan buscando el jardín, abordan al mundo entramándolo. No le satisface la clausura de las respuestas, o mejor dicho: entiende sólo de respuestas que son nuevas preguntas que tejen más allá. ¿Hasta dónde? Hasta el silencio, o lo inevitablemente vedado. Hasta lo que antecede al verbo primero, su antesala. Hasta que “lo imposible sea”. Aun del otro lado.

Cada historia personal transcurre entre dos gratuidades: el nacimiento y la muerte. De un punto al otro (o al mismo: la vuelta al origen) ocurre la trama donde nos jugamos la vida o la vida nos juega. En los relatos de infancia de La oscuridad es otro sol (1967) de Olga Orozco somos partícipes de las primeras veces de Lía “que vuelve desde el porvenir”, de las experiencias vitales que tiene jugándose: el amor, la muerte, el dolor, las traiciones, lo extraordinario… En la creación, esos acontecimientos esenciales no pertenecen de manera rigurosa, ni menos aun estanca, al “tiempo de la infancia”, sino que ruedan dentro de una memoria circular que los muestra en movimientos multidireccionales, bajo la luz de retornos y anticipaciones. “Acaba de suceder por primera vez. Acababa de marcar hacia delante a todas las mujeres que trasladarían sobre mi sus propias malicias, sus delirios y sus intenciones aviesas”. Hay alteraciones (algunas desmoronan la fatídica relación causa-efecto), simultaneidades, un “desorden” que enriquece la experiencia y sus sentidos. Que alivia cargas, también. En una conferencia dada en Córdoba la autora expresó su deseo de violentar así al tiempo, de transgredirlo para luchar por la vida. Este modo de percibir el tiempo/memoria, quizá, nos permita “trasladar” los símbolos que construyen el mito de la infancia a otros tiempos de nuestra vida. Para ingresar al juego en todo presente, para permanecer siempre en el aprendizaje del extrañamiento.

Olga empieza a escribir hablando, jugando con las palabras, tejiendo aquella interrogación que mencionaba al comienzo. El papel viene después. Como en un juego peligroso, en estos relatos que dibujan el origen de su escritura todo parece estar para abrir o ser abierto. Hay puertas –preguntas- que se multiplican incesantemente, también falsas puertas –preguntas-, laberintos y pasillos que no se sabe si dan a muro o al verde. ¿Acaso abrir no es también cerrar? ¿El pez pájaro? ¿El cielo, el suelo? Olga puede ver en sus relámpagos la unidad de todos, lo primero (otra vez el verbo). “La conjugación es una sola persona. Cada uno es lo otros, y mi nombre y el tuyo son solo una impostura”. Aun cuando “de este lado”, en la caída, se develan motivos incompletos/ sed/ desesperanza: lo separado, lo cerrado, descubre como contrapunto una continuidad que trasciende lo aparente y sus posibles. La pregunta excava, excava, y llega al fondo del cielo.

La profundidad milagrosa, la generosidad textual y vital de estos relatos, nos dan la posibilidad de realizar una lectura con los ojos cerrados, afín a un tacto. Hay relieves que parecen no terminar de explorarse nunca. Es asombrosa la densidad, los espacios que siguen abriéndose a pesar de las sucesivas leídas, como velas mágicas que vuelven a prenderse para que pidamos más deseos. Pedí lo imposible. Y que sea.


(Publicado en Bitácora de Vuelo y en El jardín posible)


27 de mayo de 2012

Mi abuela Margarita en sus 80

(enfática y risueña)
- Tengo unas ganas de ponerme a escribir yo.....¡ah, todas macanas!
Todos los motivos de mi vida interior son acuáticos: icebergs de fuego, la inmensidad del océano a diestra y siniestra, el miedo terrible que me provoca imaginar lo que ocurre debajo de los transatlánticos.

En esporádicas reuniones

Nuestra relación consiste en un saludo de bienvenida y otro de despedida, con intercalo de un "cómo estás" que es pura fórmula. Eso no tendría nada de extraño, ni siquiera cuando te une la sangre. Pero que pretenda que yo actúe como si hubiera algo y más, que juegue al como sí con el único propósito de mantener formas hipócritas, conmigo es cosa vana. Cualquier discurso que teja en mi contra, vuelve y la envuelve.

25 de mayo de 2012

Lo he visto vendiendo caramelos en la entrada del Cine Teatro Córdoba. Toma el c4 en 27 de abril y "elige" el primer asiento. Tiene algo que me recuerda a mi tío, no sé si es exactamente físico.

Casi siempre es igual: cuando siente que estoy a su lado o detrás me pregunta la hora. En cada parada hace un ruido raro con su boca ¿cuenta? ¿identifica?. Cuando el colectivo dobla por ahí me pregunta ¿Estamos en Fleming? Y siempre le digo que sí. Me bajo y él sigue...

Podría ser yo o cualquier otra persona que ocupe esos lugares.

*
Llevo décadas haciéndolo y el viaje es tan absurdamente largo, que algo hay que inventar. A veces juego a cerrar los ojos y seguir el camino con el recuerdo. En algún momento digo "debemos estar en tal lugar" y los abro para ver si es cierto. Desafortunadamente el acierto es una consecuencia de la costumbre y la domesticación.

Continuidad de los sueños reparadores

Aparecen personas que ya no están más en mi vida, que fueron importantes en su momento y después no. O sí, pero no. Es simplemente como dice Olga: "y después ya no estaban". Como sea, la vida compensa. Jota me da un abrazo; A revierte sus palabras; yo puedo saber cómo está Ce....

A veces, después de siglos de luz, releo estas palabras y me encuentro riéndome como loca porque no sé a quién nombraba cada inicial. El olvido es y no es una trampa. Caigo y no caigo. Me elevo.


20 de mayo de 2012

ese no me reconoce,
a lee mi libreta roja,
ene duerme.
hay un ruido de auto a alta velocidad

estoy helada como un grito

8 de mayo de 2012

Tarde es temprano

He perdido muchas oportunidades de ese tipo. Aún no sé muy bien por qué. Algunos días lo imagino como una salida de escena y mi aparición repentina en otra parte.