14 de septiembre de 1999

Sin embargo, yo empiezo a sentir que todos los imposibles son posibles: me siento capaz de encabezar una procesión, de escaparme con los gitanos, de atravesar el monte en plena noche y, sobre todo, de subir y a abrazar a todos los que quiero y decirles "Te quiero mucho".

Olga Orozco


Ya no hay tiempo. No lo sé explicar, pero es. No hay tiempo para estar haciéndonos los tontos, los distraídos. No queda más para concentrarnos en los dolores, en los enojos. No voy a ser la santa, ni siquiera buena. Ni se me ocurre eso.

De un tiempo a esta parte me dedico a pequeñas reconciliaciones, como si me fuera a ir mañana, ahora ya. Desnudez y abrigo. Presencias vitales. Y así como dice Olga, así tal cual abrazo a todos los que quiero y "te quiero mucho". Hasta el cielo ida y vuelta. Infinito todos los colores. Cursi. Empiezo por lo cercano y me extiendo más allá. A veces es rotar los signos, cambiar un gesto por otro, abrazar un árbol.

Un oleaje que viene y va. Muchas veces va, va, va. Pero cuando viene, cómo viene! Los no-es muestran su sí más profundo. Lo gratuito sale y llega. Lo inesperado.


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