12 de marzo de 2015

***

                                                       A Duque, mi compañero desde que llegué a este país.


Perro espía, perro dragón, ya duerme cobijado por la tierra que lo vio crecer. Ahí lo dejamos como un ovillo, canela suave, bajo campanas rojas que yo misma sembré para que llamaran a la vida. Alrededor suyo todo abunda: crece el maíz, el limón dulce, la naranja malagueña, el delicioso aguacate, las cerezas. Huele a piña, a sol, a tierra mojada. “Perro ferveroso de tierras tropicales”: nunca pensé que nunca.

El ojo que todo lo ve no me sigue más. La visión retorna hacia donde todavía se sienta junto a mí cada día, donde tiembla con el trueno o espera en silencio a que vos le entregues el corazón del mango. Cada imagen deposita a su lado una nueva y atraviesa todas las demás. Una, como un futuro imposible, me llena de sal y agua. Yo quería llevarte a conocer el mar.

4 de octubre de 2014

.-.

Salíamos del bosque. Yo todavía jugaba a la esperanza y buscaba el único árbol que nos llevaría, en sentido ascendente, hacia él. No habíamos terminado de inventar la historia por la cual nuestro encuentro con aquel animal efectivamente sucedía, cuando -de pronto- la futura mentira se hizo verdad.

"No me muevo de acá hasta que se vaya", mentí otra vez, como si hubiera opción. Hipnotizada, atrapada, me sumergí en la contemplación.
Sobre una rama, en tan leve existir, mágnifico, el quetzal. Ave venida de otro mundo para edificar la belleza. Esmeralda, escarlata, a cada movimiento parecía ser uno y otro, sin abandonar jamás el misterio.

Silencio



*Publicado en La Quimera

27 de marzo de 2014

14 de noviembre de 2013

Te me sé de memoria

Del sueño rescato esto: estábamos viendo una película que yo había visto incontables veces.